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Custodia compartida ,si o si

23 de Agosto de 2010


Sociedad
«Como no puedo ver a mi hijo en la vida real quedo con su avatar en internet» El drama de muchos padres divorciados La ley española apoya a las mujeres en los procesos de divorcio en la inmensa mayoría de las ocasiones. Justa en unos casos, en otros provoca el quebranto económico y sentimental en los hombres, y traumas y desafectos en los hijos
MIGUEL ÁNGEL BARROSO
Día 22/08/2010 - 01.25h61 comentarios
Mi hija mediana ha estado seis años sin verme. Su madre la ganó para su causa y las pocas veces que hemos hablado por teléfono no ha parado de insultarme. Si intentaba provocar un encuentro “fortuito” en la calle, al verme se cambiaba de acera. Con apenas 14 años una jueza le dijo que no tenía la obligación de pasar tiempo conmigo. Y la niña lo llevó a rajatabla obligada por la terrible presión de mi familia política. Esto es lo que más me ha dolido. Los acuerdos económicos, a pesar de la sangría que me han supuesto, me preocupan menos. Pedí la custodia compartida no solo por satisfacción personal, sino por la propia salud mental de mis hijos. Al irme de casa cometí un error estratégico de cara a la justicia, que apoya a la mujer de manera incondicional. Pero los hijos se quedan sin padre».
ÓSCAR DEL POZO
Juan Luis Rubio, presidente de la Asociación de Padres de Familia Separados
Pedro, 50 años, arquitecto, tres vástagos, lleva media docena de pleitos en diez años en los que ha salido trasquilado. Siempre con la misma jueza, «una mujer que se ha mostrado muy agresiva conmigo y que no ha permitido que mi abogado le hiciera preguntas a mi ex mujer». La factura: 9.000 euros al mes (3.000 por cada uno de los hijos), más una pensión compensatoria para la madre, más la hipoteca del piso donde viven ellos (300 metros cuadrados en un barrio exclusivo de Madrid), más gastos extra (pago de cursos, ordenadores, etcétera)... Y así hasta que los chicos sean independientes económicamente (hay referencias en jurisprudencia que hablan de los 25 años de edad como límite). «Estoy en la quiebra. Y quince familias dependen de mi estudio de arquitectura. Nos hemos bajado todos el sueldo un 40 por 100 para no tener que echar a nadie». A los diez años de comenzar la pesadilla, con la crisis económica mostrándole la guadaña, a Pedro no le quedó más remedio que intentar revisar a la baja el acuerdo de divorcio. Nueva derrota. Recibió una orden de embargo por los atrasos en las cuotas. Cifra inicial: 90.000 euros. Llegaron a un acuerdo de 50.000. Pero su ex cambió de opinión en el último momento y le pidió 10.000 más. «Firmé. ¿Qué otra cosa podía hacer? Estoy agotado. Si tuviera 25 años menos me encadenaría en una farola de la Puerta del Sol... Por lo menos he recuperado la confianza de mi hija. Acaba de contarme que ha tenido que ir al psiquiatra porque la ha dejado el novio».
No ha lugar
La mayoría de los procesos de divorcio en España resulta favorable a las mujeres (en nuestro país se rompen cada año 50.000 parejas con hijos). Sin duda abundan los casos en que los hombres se llevan su merecido, pero en otros el peso de la ley convierte en «padres fantasma» a quienes fueron ejemplares en esta misión. Además del quebranto económico, los hay que sufren la ausencia y el desafecto de sus hijos. Nuestro Código Civil es, en esencia, el que se aprobó en 1889, y recoge la tradición jurídica española en Derecho privado: muchos conceptos romanos y de Alfonso X el Sabio. «En materia de familia el espíritu continúa siendo patriarcal y decimonónico, y no se corresponde con la realidad actual», nos comenta un abogado matrimonialista. «Se percibe a la mujer como la parte débil del conflicto, la que tiene más carga familiar. Y, por tanto, como la más capacitada para ostentar la custodia. No creo que haya una persecución de los hombres como punto de partida. Eso sí, los jueces son refractarios al cambio; simplemente, aplican una legislación que no es justa y que priva a los padres de tener influencia en la educación y desarrollo personal de sus hijos. En el mejor de los casos podrán verlos cuatro días al mes (los fines de semana que les correspondan) y alguna tarde a la salida del colegio. Hasta hace poco existían las pensiones compensatorias vitalicias. Ahora, mujeres de éxito profesional y dinero exprimen a sus ex maridos hasta donde pueden».
Hay un problema que viene a empeorar las cosas: la escasez de presupuesto y la carga de trabajo de los juzgados de familia, que pueden despachar más de dos mil asuntos al año. En Madrid, por ejemplo, es habitual que no se acepte la prueba testifical por falta de recursos. La necesidad de trabajar con urgencia implica que proponer el testimonio de ciertas personas para aclarar las cosas se suela contestar con la misma frase: «No ha lugar».
«Me echó en cara que trabajaba mucho», confiesa Juan, taxista, dos hijos, 14 horas al día en el tajo. «Así que en 2006 recibí una demanda de divorcio. Previamente había puesto a nuestra hija en mi contra y me había cogido las llaves del coche para acceder a un listado de ingresos y gastos que guardo en la guantera. Me exigió 1.200 euros mensuales para manutención de los niños. Le dije que era imposible, que prácticamente me condenaba a la mendicidad. Tras el juicio la cosa quedó así: 900 euros para los niños y 500 para ella. Me he quedado tiritando, pero cualquiera se atreve a presentar recursos; un procurador te cobra 300 euros por llevarte un papel. El divorcio es para gente rica. Naturalmente mi ex mujer se quedó con la casa (ella tenía la propiedad y compartíamos el usufructo por contrato) y yo ahora vivo con mis padres en una habitación de siete metros cuadrados. Tengo que colgar la ropa en escarpias. Ella vendió el piso y emigró al sur, así que ahora veo a los chicos de pascuas a ramos. Me he comprado una consola para jugar online con mi hijo y también me encuentro con su avatar en Habbo, una especie de Second Life juvenil, porque hacerlo en el mundo real es casi imposible. Una relación de lo más virtual. El exceso de horas en el taxi me ha provocado una lumbociática que requiere rehabilitación permanente. Un pringado. Hay tipos malos, malísimos... pero yo soy un pringado».
Las rupturas provocan situaciones esperpénticas. Es el caso de Carlos. «Mi ex se fue hace diez años, pero el abandono del domicilio conyugal tiene diferente interpretación en el caso de que lo realice una mujer. Así que fui yo, con cuarenta y tantos años de edad, el que al final tuve que dejar el piso e irme a vivir con mi madre. Mi municipio sacó una oferta de viviendas monoparentales y ahí vi mi oportunidad de emanciparme de nuevo, pero me rechazaron porque soy copropietario de la casa que habitan mi ex y mi hija, aunque el usufructo me haya sido retirado. Tuve que emprender una batalla legal para que finalmente me aceptaran en la promoción».
La señora Doubtfire española
«Cuántos pleitos nos ahorraríamos, y cuántas denuncias en este juzgado, sin ir más lejos, si la custodia fuera compartida por ley, y hubiera que probar la incapacidad de uno de los progenitores o su desinterés en la crianza para acordar otra cosa. Como pasa en Francia, en Italia y en otras muchas partes. Impediría que los niños fueran utilizados, y disminuiría algo el resentimiento que al final, mezclado con la mala educación que en este país tienen muchos hombres, pero tampoco perdamos de vista a las mujeres, acaba causando los desastres con los que tengo que bregar a diario». La frase es de la juez Saldaña, uno de los personajes de la novela «La estrategia del agua», de Lorenzo Silva, un libro basado en un hecho real y dedicado a «todos los padres que luchan, en condiciones adversas, para seguir cuidando de sus hijos».
Juan Luis Rubio, presidente de la Asociación de Padres de Familia Separados (APFS), también ha pasado lo suyo. «Mi ex se lió con un amigo común. Llegamos a un acuerdo amistoso, o eso pensaba, porque la cosa se complicó. Cuando pasaba a recoger a mis hijos a su casa o no estaban o no querían bajar. Un día su madre los acompañó para que me dijeran que no querían verme nunca más. Así que con el tiempo adopté varios disfraces para poder estar con ellos. La prensa me puso el mote de “la señora Doubtfire española”. Hoy la relación con los dos mayores está rota por completo, aunque sí me veo con mi hija pequeña». Su experiencia traumática le animó a fundar la APFS en marzo de 1993.
Custodia compartida
«Se perciben aires de cambio», señala Rubio. «En países de nuestro entorno lo extraordinario es lo contrario de lo que sucede aquí. En España los jueces aplican una ley que, en esencia, consiste en esto: la mujer en casa con la pata quebrada y el hombre asume los gastos. La sociedad va por delante de lo que perpetran los políticos. Hemos denunciado al Gobierno ante en Tribunal de Estrasburgo porque no cumple la legislación sobre los derechos del niño».
«Había un millar de asociaciones para la protección de las mujeres, y ninguna de estas características», añade. «Pero no es una asociación sexista; a lo largo de estos años hemos ayudado a muchas féminas. Es apolítica y aconfesional. En el inicio éramos cuatro y ahora somos más de 22.000 asociados y colaboradores en todo el territorio español. Solo en Madrid hemos atendido a más de 40.000 personas». Él mismo participa en un programa de radio, junto con un juez y un abogado, para explorar salidas más justas a los dramas familiares. En Aragón ya se aplica la custodia compartida de forma prioritaria, y otras comunidades autónomas meditan el asunto. El Parlamento de Cataluña aprobó recientemente la Ley del Libro Segundo del Código Civil catalán relativo al derecho de familia; prevé cambios como que la custodia compartida sea otorgada de forma preferente, pero no por defecto (como sí se hace en Aragón), ya que habrá condicionantes. Es decir, si no hay un acuerdo entre los progenitores será el juez quien decida cuál de los dos asume la guarda de los hijos menores. Las parejas deberán presentar un «plan de parentalidad» en el que figuren las propuestas de cada uno sobre la custodia de los hijos y su participación en la crianza y educación. La reforma entrará en vigor en enero de 2011.
España es el país de la UE que ha registrado un mayor incremento de divorcios en la última década (un 205 por 100), pasando de 36.072 en 1998 a 110.036 en 2008, según el Instituto de Política Familiar. Durante 2008 se produjo un divorcio cada 31 segundos en la Europa de los 27, es decir, 115 por hora y 2.761 por día, hasta superar el millón anual. Bélgica, España y Hungría lideran esta estadística, ya que por cada tres matrimonios que se forman se rompen dos. En nuestro país la crisis económica ha obligado a muchas parejas a «aguantarse»: según datos de los tribunales de justicia, en 2009 bajó el número de rupturas en la mayoría de comunidades autónomas.

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